@ A los arquitectos no nos debería preocupar el futuro de la arquitectura en abstracto. Me parece más importante, al día de hoy, que nos preocupemos por tratar de formar parte de una profesión razonable (se llame como se llame) relacionada con la construcción tanto de edificios como de ciudades y hasta de paisajes. Una profesión cuya preocupación fuera, en última instancia, el campo de las formas de la construcción.
La preocupación por los problemas de las formas ha sido siempre la cuestión fundamental de la arquitectura entendida desde un punto de vista cultural que incluye, también, el de la arquitectura popular. La preocupación por la forma es propia de los buenos constructores más allá de todas las otras cuestiones que le deben preocupar: las condiciones técnicas, los usos, las posibilidades económicas, etcétera.@ Los arquitectos deberíamos revisar algunas de las ideas sobre las que estamos trabajando. Creo, por ejemplo, que deberíamos dejar de lado algunos presupuestos filosóficos (en general mal digeridos) para centrarnos (aunque sea por un tiempo) en cuestiones más referidas al oficio (sea tanto del proyecto como de la construcción). Deberíamos ser partidarios de lo sencillo y compacto más que de lo complejo e indefinido.
Toda propuesta que hiciéramos debería estar avalada por una referencia o unas referencias a uno o varios casos conocidos de la realidad (de la que para los arquitectos también forman parte los proyectos no construidos y las experiencias fracasadas). A mí me parece que esto podría contribuir a definir un poco mejor nuestro campo de trabajo y, en consecuencia, reencauzar nuestra actividad como una profesión con bases más sólidas de responsabilidad social y cultural, y con menos interpretaciones romántico artísticas que actualmente se esconden detrás de la hipertecnología y las nuevas teorías sobre las sociedades informatizadas.